PAGANISMO POLITICAMENTE INCORRECTO, por David Landot

Es incuestionable que gran parte de la victoria del cristianismo sobre los cultos ancestrales indoeuropeos (simplificados a menudo bajo el término “paganos”), se debe a un lento proceso de infiltración y apropiación de aspectos cardinales de éstos, lo cual generó en el europeo medio una falsa sensación de familiaridad e incluso continuidad, mientras que en realidad se estaba procediendo a una inversión axiológica profunda. Se procedió, por tanto, a una resignificación de los signos ancestrales: la poderosa estampa de Wotan/Odín atado al “axis mundi” de Yggdrasil/Irminsul se convierte en la de Cristo agonizante en la infame cruz (y lo mismo pasa con Inanna empalada por Ereshkigal tras su periplo por el inframundo), el disco solar de Mitra se transforma en el halo de la santidad o el triskel celta, signo de la sagrada trifuncionalidad pagana, muta en manos del predicador San Patricio en una alegoría de la Trinidad; las fechas claves del calendario pagano se adaptan a la nueva fe: el Sol Invictus se convierte en la Navidad, Ostara en la Pascua o Samhaim en el Día de Todos los Santos ; y es más, hasta se toman para santos y vírgenes epítetos claramente cósmicos como “señora de las flores” o “hijo del trueno”.

Debido a la progresiva pérdida de prestigio del cristianismo y el redescubrimiento del mundo pagano a través, en la mayoría de los casos, a fuentes poco académicas como la religiosidad “new age” (la wicca es un ejemplo perfecto) y la cultura popular (que va desde el metal pagano a la exitosa sería de televisión Vikings), estamos asistiendo a un proceso justamente inverso, la infiltración de valores cristianos en el neo paganismo contemporáneo.

Si bien es evidente que las masas tienen una impresionante y constatada capacidad para transformar todo aquello que tocan en una parodia de sí mismo, la realidad de este proceso pienso que es más profunda que lo que aparenta, en el sentido que el paganismo indoeuropeo es depositario de unos valores tales como naturalismo, nacionalismo, aristocracia o virilidad muy poco digeribles para el mundo globalizado y buenista que quiere hacer de estas antiguas formas de espiritualidad un objeto de consumo (e incluso de control mental) más.

Sin otra intención más allá de una reflexión intelectual respecto al tema, vamos a proceder a un desglose y justificación desde el punto de vista de la cosmovisión aria de estos principios éticos, concluyendo que son, utilizando a propósito un término anacrónico, políticamente incorrectos.

> NATURALISMO <

Según el cristianismo el hombre es una creación a imagen y semejanza de Dios, el cual pone a su servicio la totalidad de la creación como objeto de uso e incluso de abuso. Por tanto, atendiendo a esta visión el hombre queda desplazado fuera del cosmos, colocado en un estrato muy superior. Por el contrario, para el paganismo el hombre es solo una pieza más dentro del mecanismo perfecto de la realidad; si bien necesaria, no diferente en esencia de un animal, un árbol o incluso una roca. En resumen, se produce justo lo opuesto, una inserción del hombre en el cosmos. Si atendemos a esa premisa ¿Cómo podríamos justificar la instrumentalización y explotación incontrolada del medio natural a la que asistimos en la actualidad como consecuencia de un capitalismo cada vez más caníbal? Difícil, muy difícilmente.

Pero esta afirmación tiene otras implicaciones aún más controvertidas, pues entonces el humanismo, otro dogma de fe del mundo contemporáneo, quedaría inmediatamente invalidado. La racionalidad del hombre (divina o biológica, eso ahora nos da igual), signo para el humanista de la superioridad de éste quedaría reducida a un simple mecanismo adaptativo más, no diferente de las garras del león o de las lanas de la oveja; y lo mismo pasaría con doctrinas como los Derechos Humanos, que hacen de la preservación de la vida humana (por abyecta que sea ésta) el leitmotiv sacrosanto de su existencia. Inmediatamente quedarían negadas, al arrojar del pedestal dónde el judeo-cristianismo le alzó una vez y devolviéndolo una vez más a su lugar como grano de arena prescindible en el océano de la eternidad.

¿Cuántos realmente estarían dispuestos a seguir viviendo tras esta cura de humildad otorgada por la ancestral sabiduría pagana? Pues continuemos.

> NACIONALISMO <

No voy a incidir de nuevo en la significación de nacionalismo (ya escribí un artículo al respecto en esta web), solamente dejar claro que nacionalismo no implica reconocer la existencia de los estados nación presentes, sino ser conscientes de que existen diferencias raciales, étnicas y culturales entre los seres humanos, o lo que es lo mismo, afirmar que no somos iguales.

Y es que en el paganismo, mitos como el de Pentecostés, en el que el Espíritu Santo insta a los discípulos a extender la palabra de Dios por el mundo, no tendrían ningún sentido, ya que los cultos paganos son ante todo cultos nacionales. Los antiguos dioses no son los protectores de la humanidad (esa entelequia no existía para los indoeuropeos) sino sólo del pueblo que les adora; no hay, por tanto, una religión única y verdadera, sino una multitud de ellas que se asientan y justifican bajo el principio del politeísmo y de la diversidad de deidades (tantas como grupos humanos existen).

También esto supone una supeditación del principio moral respecto al ético, ya que los valores de un pueblo quedan inevitablemente reducidos a su marco geográfico y social, y nunca se aceptará la validez de valores trascendentes de carácter universal, siendo hostil a la idea de conceptos absolutos como verdad o bien, y por tanto, también a su imposición a grupos alógenos.

Atendiendo a ello podemos ver en el cristianismo un claro precedente de la globalización, al centrar su cosmovisión en la idea de una unificación cultural de los pueblos de la Tierra mediante la religión (la sustitución de Cristo por el culto laico del capitalismo liberal y los Derechos Humanos serían sólo una evolución de este principio); del mismo modo que el paganismo podría entenderse como precedente justo de los contrario, de la resistencia localista, del tribalismo y/o del etnonacionalismo, ideas anatemizadas hoy día en nuestro entorno mundializado y bienpensante.

> ARISTOCRACIA <

Pero para el pagano la diferencia entre humanos no queda reducida sólo a la existencia de grupos culturales diversos, sino que va más allá afirmando que dentro del mismo grupo de semejantes existen diferencias, que hay seres que por sus capacidades están destinadas a ejercer labores de importancia superior como el gobierno, mientras que otros lo están para actividades de tipo subalterno.

Este aspecto tiene su justificación, tal como estudió el antropólogo Georges Dumeziel en el principio de la trifuncionalidad pagana, esto es, la existencia de tres órdenes sociales o castas diferenciados (reyes sacerdotes, guerreros y campesinos) con una deidad arquetípica asociada. Conviene señalar que el paganismo en origen era puramente meritocrático, y que la pertenencia al orden venía determinada por las capacidades del individuo, nunca por la cuna, siendo los linajes una posterior degeneración del orden aristocrático; al mismo tiempo hay un cierto sentido compensatorio, ya que según se asciende en la pirámide de las castas, el grado de responsabilidad y sacrifico exigido es mayor, por eso podemos hablar de aristocracia (gobierno de los mejores, de los más preparados) y no simplemente de élite.

El cristianismo como parte de su reafirmación monoteísta, hace que todos los miembros de una comunidad, sin importar sus capacidades y vocación hacia lo excelso, oren y sirvan a la misma deidad, lo que les hace en esencia a todos iguales, e incluso mediocres.

En cualquier caso, el férreo sentido de la aristocracia pagana, poco tiene que ver con los valores democráticos imperantes asentados en la noción de que todos los ciudadanos son iguales desde el momento que nacen, principio que una vez más podemos relacionar con una evolución desdeizada del igualitarismo cristiano.

> VIRILIDAD <

El wiccanismo, estereotipo del paganismo edulcorado y “new age” basa prácticamente toda su cosmovisión en la idea del sacerdocio natural femenino y del culto a la Diosa de la Tierra. Obviamente ese culto existía en la antigüedad, pero citando una vez a Dumeziel, debemos tener en cuenta que se relaciona con el estrato inferior de la trifuncionalidad, la función de la fertilidad y el orden campesino.

Las culturas paganas indoeuropeas, aunque esto suena extremadamente ofensivo hoy día, eran culturas solares y viriles, que basaban su fuerza en el principio masculino y guerrero, no en vano los indoeuropeos se extendieron por Eurasia a sangre y hierro, algo que contrasta con la idea de empoderamiento (y en ocasiones supremacismo) femenino, del cual la Wicca y sus diosas madre son en gran parte sustento.

Igualmente el reconocimiento de un principio masculino solar, contrapuesto a uno femenino y lunar, es al mismo tiempo una afirmación de la diferencia no sólo física sino también espiritual de hombre y mujeres, algo que contrasta diametralmente con el dogma de la masculinidad y feminidad como constructo social, punta de lanza de los cada vez más imperantes movimientos post feministas y de las teorías de género.

Por supuesto que estos aquí expuestos no son los únicos valores propios del paganismo. Para el que quiera profundizar más en el tema le recomiendo la lectura de la obra de Alain de Benoist “¿Cómo se puede ser pagano?” de gran valor introductorio; sin embargo, sí son los aspectos más controvertidos de este sistema espiritual y los que precisamente están intentando ser borrados, para hacer de él algo más aceptable en nuestra sociedad presente. En ningún caso es mi intención predicar la ética pagana (lo cual en realidad sería muy poco pagano también), sino simplemente exponerlo tal como es, con su crudeza original, sin máscaras galantes ni leyendas rosas.

¿Aún te consideras pagano después de leer esto? Bien, pues no olvides entonces que tu lugar está fuera del sistema, pues en esencia el paganismo encarna todo lo que hoy día la sociedad odia.

David Landot es magister en Historia.

LOS VERDADEROS NACIONAL SOCIALISTAS (Parte II), por David Landot

En el anterior artículo ya planteamos el tema de la traición de Adolf Hitler a los principios nacionalsocialistas, o lo que es lo mismo, como extirpó de manera consciente la parte social a la nacional con el objetivo de dar estabilidad a su proyecto de estado, lo cual pasaba inevitablemente por el pacto con la burguesía y la derecha.

En ese sentido analizamos la vida y obra de los hermanos Strasser, quienes encarnaron una verdadera metapolítica disidente y alternativa, perfectamente fiel a los principios fundacionales del NSDAP. Sin embargo, quedó todo un capítulo pendiente de revisión, ya que el NSDAP nunca fue un partido estrictamente intelectual, sino que esta parte es inseparable de una marcada dimensión revolucionaria, insurreccional y militarista, espíritu encarnado a la perfección por los camisas pardas de la SA, y que protagonizarán en las últimos años previos a la ascensión hitleriana al poder, una violenta oposición a éste y a su guardia pretoriana personal, la SS. Pero toda historia tiene un principio y no es bueno adelantar sucesos así que retrotraigámonos al inicio de todo, a los inestables y caóticos días posteriores a la rendición alemana en la Primera Guerra Mundial.

En noviembre de 1918 una gran insurrección estalla en Alemania; lo que en principio era una protesta de grupos pacifista contra la guerra, pronto generará una escalada de violencia y ardor revolucionario sin precedentes que conduce al derrocamiento de la monarquía alemana y la sustitución de ésta por la célebre República de Weimar, con un gobierno socialdemócrata en el poder, el cual firmará prontamente la rendición de Alemania y el sometimiento a las draconianas cláusulas del Tratado de Versalles. Sin embargo, el gobierno socialdemócrata cometió un grave error táctico, ya que en su levantamiento se había apoyado en grupos trotskistas radicales llamados espartaquistas, los cuales se niegan a aceptar la nueva autoridad, y siguiendo el modelo del sovietismo bolchevique, comienzan un proceso de colectivizaciones forzosas y de conformación de asambleas paraestatales. El gobierno, incapaz de someter a los revoltosos al carecer de medios por la desmovilización de tropas consecuencia del armisticio, decide recurrir a una solución “in extremis”: dar permiso para la conformación de unidades de asalto irregulares integradas por ex combatientes nostálgicos de la vida de las trincheras y la férrea disciplina militar, las cuales recibirán el nombre de “Freikorps” (nombre antiguamente usado para designar a las compañías de mercenarios teutones durante la Edad Media). Las fuerzas de choque de los espartaquistas no serán rival para la superioridad táctica de los Freikorps de modo que en poco tiempo la rebelión queda desmantelada; sin embargo, el gobierno, tan pronto como el enemigo trotskista cae, obligará a los ex combatientes a deponer las armas; muchos de ellos lo harán no sin desagrado, mientras que otros preferirán mantener su organización en la clandestinidad, formando grupos revolucionarios que abarcan todo el espectro político, siendo especialmente importante el círculo conformado en torno al condecorado ex capitán de infantería Ernst Röhm.

Ernst Röhm encarna perfectamente el modelo del huérfano político característico de la época. Hombre de convicciones socialistas a causa de su origen familiar humilde pero de tendencias nacionalistas y militaristas, por lo cual no encontrará ningún acomodo entre los partidos y grupos políticos del momento; era un obvio enemigo de la derecha a causa de sus tendencias anti socialistas y elitistas, pero a la vez resultaba incapaz de encontrar acomodo entre los partidos de izquierdas que basculaban inútilmente entre el democratismo burgués de los socialdemócratas y las tendencias internacionalistas de los comunistas trotskistas. Por eso cuando en 1920 aparece el NSDAP  quedará cautivado por su discurso social y a la vez nacional y su vocación de integrar en una sola falange a obreros y militares, ingresando sin dudar entre sus filas, donde se le encomendará la misión de organizar a la SA, el cuerpo de seguridad del partido, labor en la que su probada experiencia militar dará grandes resultados, aportando a la causa, además, fieros combatientes unidos a él por razones de lealtad personal.

Gracias a Röhm las SA se transforman en un cuerpo paramilitar de élite, fieles al NSDAP y siempre listo para el combate, ya fuera protegiendo los mítines del partido de alborotadores y matones rivales como organizando piquetes y huelgas contra el gobierno, en manos, en ese momento, de las derechas, las cuales se habían alzado meteóricamente al poder tras la debacle del gobierno de los socialdemócratas. Será en aquel contexto cuando el NSDAP intenta dar un golpe de estado en Múnich en 1923, obviamente inspirados por el éxito de la Marcha sobre Roma de Mussolini, el cual sin embargo fracasa de manera estrepitosa, saldándose con la detención de los principales líderes nacionalsocialistas, incluido por supuesto Ernst Röhm.

El intento golpista de Munich marcará una profunda división en el seno del partido, entre aquellos adeptos a Hitler y ostentadores de una postura pragmática que consideraba necesario, para llevar a cabo un ascenso realista al poder, seguir una vía electoralista  y el establecer alianzas con los partidos de la derecha conservadora, y aquellos otros de carácter revolucionario que consideraban esto una traición a los principios del partido; evidentemente, su visión no estaba muy alejada de la realidad, ya que para ganarse la simpatía de los conservadores era necesario centrar el discurso en los aspectos de tipo nacionalista, y rebajar los aspectos sociales. Desencantados con este inesperado viraje político, muchos militantes abandonarán las filas del NSDAP, entre ellos Ernst Röhm, quien marcha a un exilio voluntario a Bolivia; otros, sin embargo, conformarán sus propios núcleos de resistencia anti hitleriana y anti pragmática dentro del partido, organizándose fundamentalmente en torno a los círculos strasseristas (de los que hablamos anteriormente) y de las brigadas de la propia SA.

Y es que es en este punto de la historia en que el divorcio entre Hitler y las SA se hace patente, pues si bien en un principio  intentará controlarla, el futuro “fürher” descubrirá que la lealtad de los camisas pardas era hacia el ideal nacionalsocialista y no hacia su persona. Del mismo modo las SA mostrarán, cada vez más, un grado mayor de criterio propio e independencia, colaborando a menudo y de manera autónoma con grupos de extrema izquierda, especialmente después de que el KPD (Partido Comunista Alemán) renunciará al trotskismo y adquiriera un fuerte discurso nacionalista, como es el caso de los motines y huelgas acontecidos como protesta contra la ocupación de la cuenca industrial del Ruhr por tropas francesas; como es evidente este tipo de acciones violentas, socialistas y trasversales no serán percibidas de manera positiva por los nuevos aliados de Hitler: empresarios, burgueses conservadores y gentes de orden en general. Por esta razón, en 1925 Hitler creará la SS, alternativa fidelista  a la cada vez más incontrolable SA. Es evidente que la tensión entre ambos cuerpos será enorme, estallando de manera definitiva en 1930 con la insurrección del comandante de la SA, Walter Stennes.

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Walter Stennes

El trasfondo de la insurrección del Stennes tiene que ver con un último intento de Hitler, acontecido un años antes, de lograr encauzar a la SA hacia sus fines, apelando a la necesidad material de sus miembros; debido a que la situación económica en Alemania era cada vez más insostenible, gran parte de los camisas pardas eran parados en situación extremadamente precaria. Aprovechando esto, Hitler prometerá una asignación económica procedente de las arcas del partido a los SA como pago por sus servicios, lo cual se esperaba que tuviera un efecto sedante sobre los ardores revolucionarios de éstos. Sin embargo, el esperado dinero siempre llegaba tarde (o directamente no llegaba) por lo cual generó el efecto justo contrario al deseado, creciendo así el malestar entre las filas de la SA, situación que el agitador Walter Stennes, fiel adepto a las ideas de Otto Strasser (ver artículo anterior) aprovechará para sus propios fines. Como consecuencia de la reciente expulsión de Otto del NSDAP las SA se declaran en rebeldía y comienzan a atacar a los SS con victorias aplastantes para los primeros. Hitler intentará en sucesivas ocasiones negociar con Stennes, pero este se niega a rendirse a no ser que Hitler renunciara a la presidencia del NSDAP; tras ello se intentará someter la disidencia de manera violenta usando a la SS, pero en aquel entonces la SA era muy superior tanto en número como en preparación, de modo que la guardia pretoriana de Hitler sólo logrará cosechar humillantes derrotas.

Sin embargo, en 1931 cuando todo apuntaba a la victoria de Walter Stennes, Hitler aconsejado por su mano derecha Joseph Goebbels, lleva a cabo un maquiavélico plan para poner fin a la insurrección, apelando una vez más a la necesidad. Hitler se reúne con Stennes y le ofrece pagar a sus hombres el dinero que les debía con la condición innegociable de que depusieran las armas y que él abdicara de su cargo. Walter Stennes consciente de la necesidad en la que vivían inmersos sus camaradas, decide sacrificarse por ellos y acepta la propuesta. Inmediatamente Hitler procede a sustituir a Stennes por su viejo amigo Ernst Röhm, al cual consideraba a priori más manejable.

Desconocemos qué fue lo que le ofrecieron a Röhm para que volviera de su exilio boliviano, lo que sí que sabemos con seguridad es que no fue una decisión juiciosa ya que la popularidad de Röhm entre sus tropas era aún mayor y los años de estancia fuera de su patria no le habían hecho renunciar ni un ápice a sus sentimientos revolucionarios, por tanto, resulta pronto evidente para el naciente régimen que podría convertirse en una amenaza aún mayor.

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Ernst Röhm

Así pues, en tanto que Goebbels y Hitler toman consciencia de ese hecho, pondrán en funcionamiento la que será la segunda parte de su plan maestro: una campaña profunda de difamación contra el líder SA que incluía desde pruebas de dudosa veracidad sobre sus contactos con el Frente Negro (ver artículo anterior) o incluso con los servicios de inteligencia franceses, a airear detalles sórdidos concernientes a su vida privada (Röhm era homosexual); igualmente el discurso oficial del NSDAP cambiará radicalmente en lo tocante a la SA, pasando de referirlo como de bravos soldados de la causa nacionalsocialista a poco más que agitadores y malhechores callejeros. Dicha campaña surtirá su efecto entre la opinión pública, al mismo tiempo que el antaño revolucionario trasfondo del nacionalsocialismo se torna conservador y reformista; por tanto, el terreno ya estaba perfectamente preparado para el golpe final de la operación: la purga de todos los líderes SA (incluido Röhm) así como de muchos otros disidentes al hitlerismo, durante la aciaga Noche de los Cuchillos Largos de 1934. Si bien la SA siguió existiendo tras ello, ya lo hizo como un órgano domesticado y servil, poco más que otro títere en manos del estado totalitario nazi; había vencido el color negro de la reacción al pardo de la revolución.

Con esa triste fecha se pone fin a la disidencia nacionalsocialista y se aborta lo que podría haber sido una de las mayores revoluciones de la Historia de la Humanidad. El resto de la historia ya la conocen de sobra pues cada año se publican cientos de libros acerca de Adolf Hitler y del gobierno nazi (los cuales a menudo orbitan entre la difamación más ridícula y la alabanza ciega y fanática); sin embargo los nombres, hechos y pensamientos de estos primeros y verdaderos nacionalsocialistas sigue siendo ignotos para las masas ciudadanas democráticas.

¿Cuál será la razón de tanto silencio en torno suyo?

Dejo que sean ustedes mismos quienes respondan a esta última pregunta.

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David Landot es magister en Historia.

LOS VERDADEROS NACIONAL SOCIALISTAS (Parte I), por David Landot

Cuando se habla de nacional socialismo a menudo relacionamos el término con el régimen hitleriano, sin embargo la mayoría de la gente ignora que en la Alemania de entreguerras existió otra forma de nacionalsocialismo, en la cual ambos términos tenían un verdadero sentido, una ideología verdaderamente alternativa y tercerposicionista, la cual fue conscientemente manipulada y despojada de sus connotaciones revolucionarias por Adolf Hitler y sus adeptos, trasformada en un simple término nominativo, que amparó una forma peculiar de totalitarismo y capitalismo de estado que hoy todos conocemos.

Es necesario aclarar que cuando hablamos de socialismo debemos entender cualquier régimen socioeconómico que persigue una transformación radical e integral de las estructuras económicas de una nación (especialmente de la propiedad), inspirada por un afán de equidad y justicia social; en ningún caso es sinónimo de marxismo. Con esta pequeña anotación previa vamos a analizar el pensamiento nacionalsocialista, desde su origen a en lo que después se convirtió.

Para comprender la esencia del verdadero nacional socialismo debemos retrotraernos a su origen, la formulación de los “25 Puntos del NSDAP”, manifiesto fundacional de dicho partido, posteriormente conocido como partido “nazi”.  Dicho texto fue obra de Anton Drexler, trabajador ferroviario alemán, opuesto tanto al capitalismo como al comunismo marxista, para el cual el patriotismo y la reafirmación nacionalista era algo totalmente inseparable de la revolución social. Por tanto encontramos en el citado manifiesto aspectos perfectamente encarnados en el posterior programa nazi como el “ivs sanguinis”, la militarización de la sociedad, la independencia nacional respecto a las potencias e intereses ajenos, el cuestionamiento del Tratado de Versalles o la consecución del estado vital; sin embargo también hay lugar para otros que claman por una profunda transformación de la economía, que van desde la idea de la sumisión del interés económico personal al nacional o la expropiación y posterior repartición de las grandes propiedades agrarias, todo ello resumido en el punto número once del manifiesto: “la abolición de todo ingreso no conseguido por medio del trabajo”, un obvio ataque a cualquier forma de vida basada en el parasitismo rentista y/o especulativo.

Si bien, Adolf Hitler en su oscuro ascenso al poder no llegó a cuestionar abiertamente los 25 Puntos, sí hubo un consciente desplazamiento a un segundo plano, de aquellos que como los arriba citados,  pudieran representar una traba al establecimiento de un régimen totalitario y transversal, ambición que evidentemente pasaba por el pacto con la alta y decadente burguesía alemana dedicadas a esas actividades económicas parasitarias,  abiertamente criticadas por Drexler. Tal vez la muerte de éste en 1942 en el más total anonimato y casi en la miseria, cuando supuestamente gobernaba el partido que el mismo había creado, resulta una metáfora perfecta de la falta de continuidad entre lo que el NSDAP fue y lo que posteriormente será.

No es por ello aventurado afirmar que el régimen de Hitler extirpó la parte social en nombre de la nacional al nacionalsocialismo, pero obviamente este no fue un proceso fácil ni indoloro, al contar con la resistencia de ciertos  héroes y sectores hoy prácticamente anónimos, a los cuales pretendo humildemente en las siguientes líneas, rescatar del olvido colectivo y rendirles el tributo que de sobra merecen.

Posiblemente los autores que más desarrollaron ese socialismo nacional esbozado tímidamente por Drexler en sus 25 Puntos fueron los hermanos Otto y Gregor Strasser, ambos de origen bávaro y ex combatientes condecorados durante la Primera Guerra Mundial. Esta experiencia bélica desarrolla en ellos  la conciencia de que la revolución obrera no puede ser llevada a cabo sin una fuerte carga nacionalista y viceversa, por tanto ingresan en 1920 en las filas del NSDAP al ser este el único partido que recogía las ideas de revolución integral que ellos defendían.

Desde muy temprano ambos hermanos serán colaboradores activos y crearon una línea política que a menudo se denomina “nacionalsocialismo de izquierdas”, aunque yo prefiero referirme a él como verdadero nacionalsocialismo por las razones ya expuestas. El pensamiento strasserista será diametralmente diferente al hitleriano en base a los siguientes puntos:

    1. Gobierno descentralizado, fundamentado de unidades productivas autónomas gobernadas por asambleas y cooperativas de campesinos y obreros, si bien acepta la existencia de una figura estatal esta simplemente actúa como coordinadora y representación de dichas asambleas; en ningún lugar se asemeja al estado monolítico y centralista característico de los totalitarismos fascistas. Dicho de otro modo, el strasserismo propone una construcción de la nación de abajo (pueblo) a arriba (Estado), justo lo contrario al hitlerismo.
    2. Geopolítica orientada hacia el Este y no hacia el Oeste.  El strasserismo considera que la Rusia Soviética es el aliado natural de los alemanes, sobre todo después de la nacionalización del movimiento bolchevique con la caída del trotskismo internacionalista; la idea fundamental es el establecimiento de una gran alianza entre los países del Centro y el Este de Europa opuesta al capitalismo liberal característico de la Europa Occidental, artífices además del odiado Tratado de Versalles. Bajo el gobierno nacionalsocialista de los Strasser, una guerra con Rusia como la que luego aconteció y que representó el mayor error estratégico del Tercer Reich, resulta totalmente impensable.
    3. Oposición al racismo biológico, este punto es tal vez el más controvertido pues supone no sólo un cuestionamiento del hitlerismo sino también del mismo Drexler. Los Strasser tenían una manera muy diferente de entender el problema judío, centrando sus críticas en los grandes capitales financieros y empresariales judíos, no en el judío de a pie, a quién consideraban alemán de pleno derecho en el momento simple en que éste diera prioridad a su pertenencia a la nación alemana antes que al judaísmo apátrida. Dichas afirmaciones se ven motivadas por su experiencia bélica, habiendo conocido en las trincheras a reconocidos patriotas alemanes de origen hebreo.

Como es lógico pensar, ideas tan radicales y novedosas tendrán un número igual de detractores como de entusiastas, tanto dentro de las filas del NSDAP como entre los ciudadanos alemanes en general. Concretamente dentro del mismo partido sus más fervientes opositores serán los nacionalsocialistas berlineses liderados por Adolf Hitler, que pese a su origen bávaro, su pensamiento conservador tendrá más acogida en los círculos políticos de la capital dónde la influencia de los “junkers” (adinerados terratenientes prusianos) es determinante para el despegue de esa rama domesticada del nacionalsocialismo. Ante el crecimiento de esta opción debido en gran parte a las financiaciones de “junkers”, empresarios, banqueros e incluso grandes capitalistas internacionales que veían en el hitlerianismo un aliado para detener el implacable avance del comunismo, los Hermanos Strassers y sus fieles se atrincheran formando su propia sección disidente dentro del NSDAP, hasta que en 1930 son expulsados definitivamente del partido, acusados de traidores, durante la Conferencia de Bamberg. 

En ese punto se produce la primera ruptura entre los dos hermanos, pues Gregor decide, en un alarde de pragmatismo inédito hasta el momento, retornar al NSDAP y aceptar los postulados de Hitler; sin embargo la lealtad de Gregor no será recíproca al ser asesinado cobardemente en 1934 durante la Noche de los Cuchillos largos, por mandato directo de Hitler.

Otto, por el contrario, preferirá mantener sus posiciones antes de inclinar la cabeza ante el totalitarismo hitlerista, fundando su obra política más conocida: el Frente Negro, coalición que pretendía aglutinar a toda la oposición socialista y nacionalista a Hitler. La labor de agitación de dicha formación será impresionante, lo cual supone que en el 33, ya con Hitler en el poder, sea ilegalizada, por lo cual Otto debe marchar al exilio no sin antes haber sido declarado oficialmente como “enemigo público del Reich”, lo cual para un sincero nacionalista como él representaba un destino, si cabe, peor que la misma muerte.

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    Otto Strasser

Hasta aquí la primera parte de este breve análisis sobre el verdadero nacionalsocialismo. En un entrega posterior hablaremos de las SA revolucionarias, y la lucha ideológica que estas llevaran tanto en las calles como en las palestras políticas, primero contra el comunismo y luego más tarde contra el propio Hitler. 

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David Landot es magister en Historia.

QUÉ ES EL NACIONAL ANARQUISMO, por David Landot

Posiblemente sea la primera vez que escucha este término, en ese caso  estoy convencido que le suena raro, tal vez piensa que se trata de una simple provocación que busca aunar dos términos proscritos en la sociedad actual, tal vez de un intento de entrismo o marketing político orientado a la obtención de masas militantes apelando a extremos irreconciliables; y en el peor de los casos un oxímoron ideológico, un hijo bastardo más de los tiempos del relativismo. Nada más alejado de la realidad pues tal como podrá comprobar, en el momento que se procede a una redefinición objetiva de las partes que compone el término (nacionalismo y anarquismo), será perfectamente consciente que existe una lógica intrínseca en ello, de ahí puede usted coincidir o no con nuestros postulados, pero la coherencia discursiva es innegable.

¿Qué llamamos anarquismo? El anarquismo es algo tan simple como la creencia de que el hombre puede organizarse de manera autónoma, sin la necesidad de acudir a unidades externas como es el estado, que por definición representan el control de una minoría dirigente la cual ejerce una serie de monopolios jurídicos sobre la totalidad de la población. Es por ello que cualquier estado es por definición totalitario e impositivo, incluido aquí por supuesto los presentes estados democráticos que encarnan uno de los modelos totalitarios más zafios y nefastos, el totalitarismo plutocrático.

Esta primera premisa nos llevaría a formular una segunda cuestión en relación a lo planteado ¿Es posible un nacionalismo sin estado? La respuesta en este caso es un rotundo sí. Atendiendo al origen etimológico del término nación, “natio”, del latín “nasci” (nacer), podemos entender como nación aquello que hace referencia a la identidad natural del ser humano, o lo que es lo mismo, aquello que por principio nos hace diferentes a unos seres humanos y semejantes a otros; es por ello algo diametralmente distinto a la idea de estado que se trata de un constructo social y, por ende, no innato. La identificación de ambos términos es un producto de la teoría política liberal jacobina la cual forja el término “estado nación” como si ambos aspectos constituyeran una unidad indisoluble, lo cual a poco que se tiene una visión crítica de la Historia uno se da cuenta de que no es así, puesto que el hombre tradicionalmente ha sabido organizarse perfectamente en unidades nacionales no estatales como tribus, cofradías, confederaciones, feudos, gremios, hermandades, etc; es más, incluso los imperios históricos tienen en muchos casos una base federativa que los diferencia completamente del imperialismo economicista contemporáneo; es por ello que el citado estado-nación es una estructura organizativa que data en el mejor de los casos del siglo XIX, y no siempre, pues incluso en el presente perviven unidades  paraestatales con una fuerte base nacional como sería el caso de las comunidades menonitas, los kibutz hebreos o ciertos círculos de carácter neopagano.

Igualmente la idea de estado-nación imperante genera otra pregunta de vital importancia de cara a su cuestionamiento en base a los criterios planteados ¿Hasta qué punto las actuales fronteras, producto de diversos avatares políticos, representan verdaderamente la identidad de los pueblos? Ya no es solo el tradicional problema de las llamadas naciones sin estado, sino ¿Las sociedades postcapitalistas multiculturales, multirraciales y multiétnicas por definición pueden pretender representar esta diversidad intrínseca mediante una única figura organizativa? La respuesta en ambos casos es evidentemente negativa.

Es por ello y lo anterior que uno puede concluir sin viso de error que los estados-nación no son en absoluto nacionales.

Actualmente es innegable que vivimos bajo el gobierno de ese totalitarismo democrático antes citado, el cual tiene unas obvias tendencias estandarizadoras, que han acrecentado el espíritu anti nacional intrínseco en el estatalismo, única vía para la consecución de la sociedad plural y cosmopolita, modelo ideal del llamado Nuevo Orden Mundial  que parte precisamente de ese jacobinismo que diseñó el citado estado nación, con unas claras intenciones maliciosas.

Por eso mismo el nacional anarquismo constituye una verdadera alternativa al sistema, una opción política real y realizable, la cual vamos a definir y explicar brevemente en líneas posteriores.

El nacional anarquismo toma del anarquismo la voluntad de la conformación de unidades autónomas y paraestatales, sin embargo hay algo que lo diferencia de otras formas de anarquismo con un trasfondo más universalistas, y es la asunción de la importancia vital que representa en el ser humano los lazos innatos colectivos (nacionalidad), y sobre todo el principio de afinidad, esto es, la tendencia natural del ser humano a juntarse con los que le son semejantes, un atavismo biológico que nos define como seres gregarios y con un marcado espíritu de clan y que tiene su origen en nuestros primeros pasos como especie (y tal  vez antes). Es por ello que las comunidades nacional anarquistas siempre seguirán criterios de afinidad, ya sea racial, étnica o cultural, según la jerarquía de valores de cada clan, esto es, para ciertos colectivos puede ser lo más importante el pertenecer a una determinada raza, otros sin embargo darán prioridad a otros aspectos como la pertenencia a cierta corriente ideológica o religiosa; en cualquier caso se cumple el principio arriba planteado, uno se asocia a sus semejantes, y al mismo tiempo no se vulnera la libertad del individuo ya que la pertenencia a un clan u otro dependerá de sus prioridades e intereses personales.

Por esta misma razón el nacional anarquismo se erige como un firme defensor de la diversidad y se muestra hostil a cualquier pretensión de carácter universalista y globalista, al considerar estas totalitarias por definición y contrarias al derecho legítimo de las comunidades de vivir bajo sus propios principios éticos y/o tradicionales.  Obviamente esto supone la erradicación de los conflictos generados al forzarse a convivir a grupos con cosmovisiones contrapuestas  en el seno de nuestras modernas sociedades pluralistas y cosmopolitas, y que representa una de las problemáticas más acuciantes a día de hoy; al procederse a la segregación natural de las comunidades las tensiones disminuyen drásticamente y cada grupo humano puede vivir libremente si injerencias externas desestabilizadoras. Lo mismo ocurre en lo referente  a las formas de vida, al renunciarse a cualquier voluntad impositiva el hecho de que otros grupos humanos cultiven maneras de vivir con los que no se está de acuerdo deja de ser inmediatamente un problema para cualquier individuo medianamente racional.

Este mismo espíritu de clan que caracteriza a la comunidad nacional anarquista supone una profunda crítica al devastador post capitalismo, ya que devuelve la economía a su ámbito natural como una actividad de carácter productivo al servicio del bienestar comunitario, despojándolo de las connotaciones individualista y egoístas que ha adquirido bajo la égida  del liberalismo. Partiendo de este supuesto las alternativas posibles son diversas, yendo desde el comunalismo al cooperativismo mutualista, siendo todas válidas en sí misma y quedando este aspecto, como muchos otros dentro del nacional anarquismo a discreción de la propia comunidad.

Ligado a esta crítica al capitalismo surge otro aspecto rector dentro del nacional anarquismo que es el ecologismo, un ecologismo radical y profundo que se sitúa a las antípodas del ecologismo tibio y reformista de los existentes partidos verdes, entendiéndose este como un retorno del hombre al equilibrio ancestral con la naturaleza, aspecto fundamental en un mundo ecológicamente devastado dónde la escasez de recursos ha derivado en atrocidades que van desde la bioingeniería a la violencia armada.

¿Pero hasta qué punto es este sistema político aquí esbozado una alternativa realizable como afirmaba líneas arriba y no una simple utopía más? Seamos críticos con nosotros mismos, ¿Es más factible acaso recurrir a una vía electoralista? ¿Cuántas alternativas reales existen en el panorama político de cualquier país? Y es más ¿De veras cree usted que el sistema nos proporcionaría los instrumentos que pudieran conducir a su destrucción? Francamente dudoso; tal vez por el contrario prefiera poner sus esperanzas en una hipotética insurrección popular violenta ¿No es más utópico eso incluso? ¿Poner las esperanzas en una masa idiotizada por los medios de comunicación y entretenimiento y que luchará contra usted y los suyos por defender su falso bienestar? Es más, aceptando la muy improbable posibilidad del éxito de dicha insurrección ¿No conduciría eso a una nueva forma de totalitarismo y por consiguiente a repetir hasta la saciedad los mismos errores que han conducido a la humanidad hasta la debacle en la que ahora nos hallamos?

Por el contrario, en el momento en que uno adquiere la firme voluntad de vivir al margen del sistema, el abanico de posibilidades que se la abre es enorme, uno puede generar sus propios recursos rompiendo con la dependencia respecto a las infames multinacionales, se puede emplear el trueque y así renunciar a la estúpida tiranía del dinero,  se puede organizar para mantener el orden y la limpieza dentro de la comunidad o para hacerse cargo  de los necesitados dentro de ésta como parados, ancianos, animales sin hogar, etc; si se tiene hijos se les puede educar colectivamente manteniéndoles a salvo de las escuelas estatales y de los contravalores de las que de ellas emanan, en caso de tratarse de una comunidad con tendencias artísticas uno puede crear sus propias productoras y editoriales independientes, y así un largo etcétera de cosas. Obviamente se trata de un proceso progresivo, y al principio una total autogestión es del todo imposible, pero poco a poco y con dedicación y esfuerzo todo es factible, simplemente hay que querer de verdad y dejar de poner excusa a la inacción y el conformismo. Igualmente todo este proceso puede entenderse como una inversión de futuro, ¿Realmente piensa que el colapso del sistema es algo lejano? En ese sentido el nacional anarquismo es el modo de estar preparado ante ese inevitable y próximo desenlace.

Hasta aquí lo que puedo exponer como nacional anarquista. Es evidente que quedan muchos puntos que tratar, muchas incógnitas y aspectos por definir, pero es dónde entra usted, yo no puedo decirle cómo pensar o actuar, al contario, yo solo le planteo que una alternativa es posible, ahora a usted le toca la labor de formar su propia comunidad con los suyos. Sea usted su propio nacional anarquista, sólo tiene que aceptar el reto de vivir verdaderamente libre.

David Landot es magister en Historia.

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